Este estudio del mundo real emparejado por puntuación de propensión mostró que combinar finerenona con inhibidores de SGLT2 proporciona beneficios cardiorrenales aditivos en la CKD diabética en comparación con la monoterapia con inhibidores de SGLT2, respaldando una protección neurohormonal y metabólica dual.
La finerenona y los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2 (SGLT2i) mejoran de forma independiente los resultados cardiovasculares y renales en la enfermedad renal crónica (CKD) diabética, pero la evidencia del mundo real sobre su uso combinado está poco estudiada. Utilizando el TriNetX Global Collaborative Network, identificamos a adultos con CKD y diabetes tipo 2 que iniciaron terapia con SGLT2i entre julio de 2020 y diciembre de 2024. Los pacientes que recibían monoterapia con SGLT2i se compararon con aquellos que posteriormente añadieron finerenona. Tras excluir la enfermedad renal en etapa terminal y el uso previo de antagonistas del receptor de mineralocorticoides, las cohortes se emparejaron por puntuación de propensión (1:1) en 31 covariables. Los resultados incluyeron mortalidad por cualquier causa, eventos cardiovasculares adversos mayores (MACE), eventos renales adversos mayores (MAKE), hiperpotasemia y un resultado de control negativo (artrosis). Las asociaciones se estimaron mediante razones de riesgo, razones de riesgo instantáneo y análisis de supervivencia de Kaplan-Meier. Tras el emparejamiento, se incluyó a 2317 pacientes en cada cohorte. Durante 1 año, el uso de finerenona se asoció con una mortalidad por cualquier causa significativamente menor (HR 0,37; IC del 95 % 0,25-0,55). Las tasas de MACE (HR 0,89, IC del 95 % 0,74-1,09) y MAKE (HR 0,95; IC del 95 % 0,47-1,92) fueron similares entre los grupos. La hiperpotasemia se produjo con mayor frecuencia con finerenona (HR 1,35; IC del 95 % 1,11-1,69), aunque los análisis basados en el riesgo no alcanzaron significación estadística. Las tasas de artrosis no difirieron. En conclusión, añadir finerenona a la terapia con SGLT2i se asoció con una menor mortalidad y resultados cardiovasculares favorables sin exceso de riesgo renal, respaldando beneficios cardiorrenales complementarios con una monitorización adecuada del potasio.