El trasplante renal mejora significativamente la supervivencia, pero la enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad en los receptores de trasplantes. Esta revisión destaca cómo los factores de riesgo tradicionales, las terapias inmunosupresoras y las complicaciones metabólicas posteriores al trasplante mantienen una alta carga cardiovascular, mientras que la evidencia sobre intervenciones dirigidas sigue siendo en gran medida extrapolada de poblaciones no trasplantadas. Para la práctica clínica, esto subraya la necesidad de una estratificación de riesgo rigurosa y de una adopción cautelosa de nuevas terapias cardiorenales emergentes, como los inhibidores de SGLT2 y los agonistas de los receptores de GLP-1, junto con un firme impulso hacia ensayos aleatorizados específicos para trasplantes.
El trasplante renal mejora notablemente la supervivencia y la calidad de vida en pacientes con insuficiencia renal; no obstante, la enfermedad cardiovascular (CV) sigue siendo la principal causa de morbilidad y mortalidad en los receptores de trasplante renal (RTR). Esta revisión describe la compleja interacción de los factores de riesgo tradicionales, específicos del trasplante y relacionados con el receptor y el donante, que mantienen una elevada carga CV post-trasplante. Aunque la restauración de la función renal reduce las toxinas urémicas y mejora los parámetros cardiometabólicos, surgen nuevos desafíos a partir de las terapias inmunosupresoras, la hipertensión persistente, la diabetes mellitus post-trasplante y la inflamación crónica. Las complicaciones CV comunes incluyen la enfermedad arterial coronaria, la insuficiencia cardíaca, la enfermedad valvular, la enfermedad arterial periférica y la hipertensión refractaria. Las herramientas de estratificación del riesgo y las guías clínicas a menudo no tienen en cuenta las variables específicas del trasplante, lo que da lugar a un manejo subóptimo. Aunque algunas estrategias farmacológicas y los regímenes antihipertensivos cuidadosos muestran perspectivas prometedoras, la mayoría de la evidencia se extrapola de poblaciones no trasplantadas debido a la falta de ensayos controlados aleatorizados específicos. Las terapias emergentes, como los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa 2, los agonistas de los receptores del péptido 1 similar al glucagón y los antagonistas no esteroideos del receptor de mineralocorticoides, tienen potencial pero requieren una validación adicional en esta población. Además, persisten las disparidades por sexo en el acceso al trasplante y en los resultados post-trasplante, con los hombres que generalmente experimentan un mayor riesgo CV, pero las mujeres que potencialmente enfrentan una mortalidad relativa mayor. La revisión subraya la urgente necesidad de investigación CV específica para el trasplante, estrategias terapéuticas personalizadas que incluyan la medicina de precisión y una mayor inclusión de las mujeres en la investigación. Optimizar los resultados CV en los RTR requerirá una colaboración multidisciplinaria, una generación rigurosa de evidencia y un enfoque integrado para la predicción, la prevención y el tratamiento del riesgo.